Pim pam pom

 

En un lugar inventado, nació una princesa. Tan bonita y traviesa que todo el que la conoció de su linda mirada se encandiló. “La Princesa despeinada” se llamaba y un vestidillo morado llevaba. Nada de lo que quería le negaban, hasta que un día despertó triste y desilusionada.

  • Busco algo, no sé qué. Hasta que no lo encuentre, no pararé. – dijo la bella princesita.
  • Princesita viajera, princesita tierna, ¿qué es lo que vas buscando que no haya en esta tierra? – le preguntó su mamá la reina.

No supo que contestar, pero si sabía que quería investigar. Preparó su petate y así fue como comenzó su viaje.

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Pim pam pom para dos, se cocina un arroz.

Pim pam pom para tres, está hecho mi jersey.

Pim pam pom para cuatro, es la entrada del teatro,…

(cantaba la Princesa despeinada)

 Visitó otros mundos, descubrió nuevos tierras. El primero fue, el mundo de los Espejos. Allí, sus habitantes veían aquello que querían ver. Eran falsos, mentirosos y tiesos. Salió corriendo y se fue bien lejos.

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Ese olor…

Ese Olor

No podía ser. ¿Ese olor?. Era inconfundible: Palomitas dulces. A quién demonios se le había ocurrido hacer palomitas dulces el día del entierro de la abuela. Sigue leyendo

Son cubano

son cubano

Y yo sigo obstinado en mi error,..

Ritmo cubano en vena, ron mezclado con un chorreón de limón, piel morena sudorosa desparramada sobre la barra de cualquier garito de la Habana.

Demasiado temprano para beber (pensé), mientras volvía a encender, por cuarta vez, el mismo cigarrillo, que nunca se terminaba de consumir.

Ojos fijos en el tabernero hasta que se produce el cruce de miradas, me ha comprendido, agarra la botella de Matusalén y se viene hacia mí, sin apartar su mirada me vuelca su rico brebaje en el culo de un vaso ya preparado con unas gotas de limón, la bebida se mezcla, los sabores se lo hacen al son cubano y yo me siento feliz, calurosamente feliz saboreando el fruto de ambos manjares.

Mientras, Marcelo Sierra sigue dándole sentido a la existencia de mis caderas con su música, su voz cálida, sus ritmos, todo él me trasmite la esencia de la vida en Cuba.

Sentado, escuchando, observando, empapándome de todo lo que me envuelve.

Una dama entra en escena, vestido ligero, muy ligero, andares graciosos, juveniles, tobillos finos, cintura minúscula. Su maravilloso culo recoge mi mirada hasta hacerme enloquecer. Los pequeños tirantes del vestido dejan ver o mejor dicho admirar una piel joven, delicada. Su pelo moreno muy rizado le cae con suavidad sobre los hombros. La mirada, esa mirada me deja helado, un suave viento del norte atusa mi alma, la esencia de miles de años de mestizaje penetra en mi mente, me aturdo, me levanto y me vuelvo a morir.

Busco sentirme vivo. Disfrutar de los placeres que la vida nos da, no quiero que me quede nada por hacer, he nacido para amar.

He visitado numerosos países y solo he encontrado pequeñas pinceladas de placer, destruidas, machacadas por lo artificial.

Ando buscando el cáliz de la vida pero solo hallo esas pequeñas bocanadas de felicidad que hacen que mi vida tenga sentido.

No tengo patria, no tengo familia, nadie me busca.

Sami III

Sami III

Ver Sami II en entrada publicada el 31 de agosto aquí.

Ver Sami I en entrada publicada el 29 de junio aquí.

Sami y Ed viajaban por carreteras secundarias hacia Francia, disfrutando del paisaje, tratando de evadirse a ratos de la realidad. Durante las largas horas en el coche atravesando los campos de Castilla, Sami había amenizado el trayecto narrando sus aventuras en Colombia y cómo lo que empezó como una inocente participación política en el sindicato de estudiantes había derivado en una incursión en el mundo de los cárteles, asociados a menudo con la guerrilla.

Ya pasado Burgos, y recorriendo los caminos sinuosos que conducen al País Vasco, decidieron dar por zanjado el tema de Colombia y empezar a planificar un poco más en detalle la huida de Sami. Lo primero, necesitaban tratar de resolver cuestiones prácticas, y, la más inmediata, desde luego, era el tema de la gasolina. Ed calculaba que pronto entrarían en reserva. Tenían algo de dinero pero si llenaban el depósito para intentar llegar a Biarritz se quedarían prácticamente sin blanca y luego ¿qué?

Así que pensaron que quizás era mejor idea llenar lo suficiente para alcanzar hasta Bilbao, sacar dinero en el banco y que Sami cogiera un vuelo allí mismo. Pero un vuelo ¿a dónde? Bueno, tampoco había tantas opciones desde la capital vizcaína: ¿París, Roma, Estambul, Amsterdam, Frankfurt, Ginebra, Bruselas, Londres…? Sigue leyendo