La comba

A mi abuelo

Estoy segura de que todas las niñas hemos tenido una. Al menos, todas las niñas de mi época. De aquella época en la que la televisión aún era en blanco y negro, y en el colegio no se enseñaban tantas materias raras, sino solo una sencilla Educación General Básica. El caso es que, estoy convencida, en aquel entonces fue el juguete estrella durante muchos veranos. El primero que las madres ponían en nuestras manos porque, supongo, era barato, te obligaba a hacer ejercicio, y podías jugar tú sola: una comba. Algo tan sencillo, que con el paso del tiempo todas terminábamos por dejar olvidado en el trastero, fue importante en mis primeros años de infancia. Porque yo nunca jugué sola. Saltar a la comba siempre estará asociado a él, a mi abuelo. Murió una Noche de Reyes, cuando yo no tendría más de seis años, y aunque aquel invierno los regalos de Navidad fueron tristes, él ya me había dejado un puñado de presentes mágicos.

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