Comienzo a echarte de menos

Las neveras hablan de nosotros. Contienen exactos datos sobre sus usuarios, mejor que cualquier Oráculo que se precie.

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Sentí como cambiaba mi vida, justo cuando empecé a meter lo recién comprado, en mi primera nevera. Atrás quedaba la de mis padres, ya era un verdadero adulto.

Pasé años llenándola de frivolidades y exquisiteces para dos. Años de diseño, años de glamour. Casi dos décadas de absoluta calidad y dedicadas a todo lo relacionado con el sibaritismo y el delicatessen. Alimentando los sentidos y educando el paladar a sabores exóticos, poderosos aromas y bebidas sublimes. Te deseaba tanto…..

Esa época finalizó y comenzamos a hacer la compra juntos. Comida equilibrada y sana. Ya eramos una familia. Fruta variada para las papillas, leche de crecimiento y muchas verduras. Fue entonces cuando te dejé.

Hoy despierto y veo que mi nevera es otra. Aquella enorme columna de acero inoxidable, se ha convertido en una blanca nevera. Su contenido es el que quiero. Productos isotónicos, filetes de ternera y pollo, algún yogurt con fibra y vino blanco del bueno. Pero no están tus post-it, recordándome la hora del dentista y deseándome un buen día. Ni ese que me ponías tanto, diciéndome “te quiero”. Comienzo a echarte de menos….